Efecto de los probióticos en el control de la obesidad

probioticos en el control de la obesidad

¿Qué es la obesidad?

 La obesidad es una enfermedad crónica, recurrente, de etiología compleja caracterizada por un desequilibrio de energía debido a un estilo de vida sedentario, un consumo excesivo de energía, o ambos. Se desarrolla a partir de la interacción de factores genéticos, sociales, conductuales, psicológicos, metabólicos, celulares y moleculares. Se define como la acumulación anormal o excesiva de tejido adiposo en relación con el peso que puede ser perjudicial para la salud. Es factor de riesgo de enfermedades crónicas como diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres y tiene repercusiones biológicas, psicológicas y sociales. Afecta, aunque de manera diferencial, a ambos sexos y a todos los grupos socioeconómicos y de edad. Su prevalencia, tanto a escala mundial como en México, se ha incrementado en los últimos treinta años.

Efecto probiótico en obesidad

 Se ha demostrado que la microbiota intestinal ejerce un papel significativo en los cambios de peso del hospedador. Dicho papel ha sido relacionado tanto con el metabolismo como con el sistema inmune, además de la capacidad del sistema inmune de interferir o acrecentar los efectos presentes en la obesidad.

 El constante crecimiento de la prevalencia de la obesidad y sus comorbilidades, hace necesaria la consideración de nuevos factores que contribuyan al tratamiento de éstas. En la actualidad el uso de prebióticos, probióticos y simbióticos ha demostrado su capacidad para formar parte del tratamiento de la obesidad, debido a los efectos fisiológicos que poseen sobre la reducción de los efectos de esta enfermedad. Autores reportan que el uso de un suplemento simbiótico disminuye el peso corporal y pudiera mantener bajos los niveles de glucosa.

 Se ha demostrado que el uso de prebióticos, probióticos y simbióticos en la dieta modifica la microbiota intestinal. Los prebióticos son compuestos no digeribles, que estimulan el crecimiento o la actividad de los microorganismos como los oligo o polisacáridos de fructosa (FOS e inulina respectivamente) o de galactosa (GOS). Por otro lado, los probióticos son microorganismos vivos, como lactobacilos, y pueden ser añadidos intencionalmente a un alimento con el fin de repoblar la microbiota intestinal.

 El uso de prebióticos y/o probióticos, en intervenciones tanto en humanos como en modelos animales, ha demostrado tener un efecto contra la obesidad y la inflamación. Por ejemplo, fructoligosacáridos y otros fructanos, específicamente la oligofructosa y la inulina, mejoran los perfiles de lípidos en la sangre en sujetos hiperlipidémicos según un reciente análisis de estudios en humanos.

 Además, los efectos de los probióticos son específicos de la cepa, por lo cual la exploración del impacto de una única cepa en la modulación de la microbiota intestinal mejorará la comprensión del metabolismo del huésped. De igual manera, se ha hecho uso de probióticos mixtos (más de un microorganismo).

 Por lo anterior, los probióticos y prebióticos pueden ser utilizados como tratamiento de la obesidad al modificar la microbiota intestinal. Los microorganismos ampliamente estudiados por sus efectos anti-obesidad son las especies Lactobacillus y los Bifidobacterium. Se ha propuesto que estas especies son capaces de alterar la microbiota intestinal y de producir compuestos bioactivos que disminuyen el almacenamiento de grasas y los factores inflamatorios.

 Se ha observado que el uso de probióticos y prebióticos específicos (Lacotobacillus spp. y Bifidobacteria), añadidos en la dieta, produce la supresión de la inflamación, al disminuir la producción de citoquinas proinflamatorias y prostaglandinas, además de favorecer la disminución de los marcadores de obesidad.

 Se pudiera inferir que el mecanismo de acción de los probióticos y prebióticos sea el origen de la reducción de peso, es decir, que el efecto antinflamatorio producido por el consumo de prebióticos y/o probióticos contribuye a la reducción de los factores proinflamatorios y al aumento en la degradación de grasas, y éste se ve reflejado en la reducción de peso, siendo una de las posibles vías por la cual los probióticos poseen un efecto antiobesidad.

 Las fortalezas de esta revisión es que la mayoría de los estudios relacionados, exceptuando la información base, son recientes, además de que todos los estudios parecen comportarse de la misma manera, es decir, encontrando una disminución de peso y aumento de factores antinflamatorios, los mismos que pueden ser el origen del aumento en moléculas responsables del catabolismo de grasas.

 La microbiota de sujetos con obesidad sufre cambios, generando una disbiosis intestinal en la que se da un aumento de los géneros como Proteobacterias, Campylobacter y Shigella, así como una disminución de Akkeramansia muciniphila, una bacteria con actividad anti-inflamatoria y beneficiosa para la salud metabólica. Abundante literatura científica sostiene que la obesidad tiene un componente microbiano, en el cual se genera un desequilibrio en la microbiota intestinal.

El abordaje de la obesidad está cambiando, las bacterias intestinales están ganando protagonismo tras cada investigación, los investigadores buscan nuevos enfoques para prevenir enfermedades como la obesidad y patologías asociadas: el síndrome metabólico, diabetes, enfermedades cardiovasculares etc. Los resultados de los estudios muestran el gran impacto de algunas especies de la microbiota intestinal sobre la reducción del apetito y la grasa corporal, mejoran además el funcionamiento de la mucosa intestinal y poseen efecto antiinflamatorio; lo que finalmente conlleva a la pérdida de peso y mejora de la salud. Todo indica que la proporción de los microorganismos intestinales podría ser manipulada para generar potenciales tratamientos terapéuticos en enfermedades como la obesidad y otras enfermedades metabólicas.

¿Cómo podemos prevenir la obesidad?

 Algunas acciones importantes que podemos llevar a cabo para poder prevenir la obesidad serían:

  1. Llevar una alimentación saludable, completa, correcta, equilibrada inocua, suficiente, variada y adecuada.
  2. Realizar actividad física mínimo 5 días a la semana mínimo 30 minutos. Combinando ejercicios de fuerza y cardiovasculares.
  3. Evitar pasar mucho tiempo sentado.
  4. Tratar de dormir un mínimo de 7 a 8 horas diarias.
  5. Modular y manejar el estrés con ejercicios como yoga, respiración, relajación, meditación, caminata, entre otros.
  6. Aumentar el consumo de fibra en nuestra dieta diaria y también incrementar el consumo de cereales y alimentos integrales.
  7. Moderar o evitar el consumo de bebidas alcohólicas y consumir la cantidad adecuada, correcta e individualizada para cada individuo de agua natural al día.
  8. Evitar el consumo de alimentos altos en azúcares, sodio, grasas saturadas y comidas chatarra que son de gran densidad calórica.
  9. Comer despacio y sin ninguna distracción como ver la televisión, estar en el celular, entre otros. Para que la señal de saciedad pueda llegar a nuestro cerebro, nos mande la señal de que ya estamos llenos y no comamos de más.
  10. Tener horarios fijos de comidas y también involúcranos en la compra y preparación de alimentos.

 Además de seguir todos los puntos mencionados anteriormente, el consumo constante de probióticos como CDP de Pavia, que contiene Lactobacillus paracasei y Bifidobacterium lactis con extracto de café verde descafeinado ayudaría a inhibir la absorción de glucosa y coadyuvar a disminuir el % de grasa corporal. Ya que el Bifidobacterium Lactis puede ayudar a reducir la grasa corporal, así como ayudar a la disminución de la circunferencia de cintura y de la masa grasa del tronco, además de ayudar en la reducción de la ingesta calórica.

 

Nutrióloga Karla Urbán Guzmán

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